TÍTULO: “The End Of History”
DISCOGRÁFICA: Sinnamon Records
Es el fin de la historia. Y no es ningún cuento, no. Es la Historia con una gran H mayúscula. Con ‘The End Of History’ (Bella Union/Sinnamon Records), el joven cantautor dublinés Fionn Regan se estrena como un compositor eminentemente poético y atemporal que practica una poesía delicada y contemporánea, y que ha reunido una inapreciable colección de viñetas otoñales de genuina cotidianidad servidas por un enorme talento melódico y una voz angelical.
Fionn Regan ha grabado su primer disco de forma totalmente analógica (y confidencial), cantando y tocando la guitarra simultáneamente en una sola toma, sin artificio alguno. Y sus canciones son eso: canciones felizmente desnudas, que afloran en toda su desgarradora sinceridad. Sólo eso: unos acordes de guitarra hipnóticos, melodías considerables y la deliciosa voz de Fionn, acompañados puntualmente de un discreto cello, un piano acariciado o unos toques de percusión rozados con la yema de los dedos, que construyen frágiles arquitecturas de música ingrávida, pequeños himnos bucólicos y románticos fuera del tiempo y del espacio. Y no se equivoquen, Fionn Regan no es de esos cantautores que practican el lloriqueo al uso. Lo suyo es el lamento sin autocomplacencia, la melancolía envuelta en vapores de alcohol y nicotina, el romanticismo que no se mira el ombligo, la melancolía del spleen de Baudelaire, la de la saudade brasileña, o la de Jeff Buckley y Leonard Cohen. En eso, su música se asemeja -en versión original británica- al nu-folk inquieto e intimista de los talentosos americanos Andrew Bird, Richard Swift o M.Ward. Fionn tiene un auténtico talento de escritor, es un escritor con voz propia cuyas letras parecen manuscritas directamente desde el tintero en cuadernos de polipiel, trazadas con una vieja pluma o, como sugiere el segundo tema del disco, con una añeja Underwood Typewriter. Pero tal y como hacen intuir las múltiples interpretaciones posibles del título del álbum (¿el final de la humanidad o del progreso?, ¿el sempiterno y fatalista todo está dicho, qué le vamos a hacer?, ¿el principio de un comienzo?…), sus a la vez complejas y sencillas letras exploran una narrativa absolutamente contemporánea, gracias a un saludable y refinado sentido del humor, una lírica de velocidad variable y algunas obsesiones, como la infancia (en ‘Hey Rabbit’, por ejemplo) o la geografía (como en ‘The Hunter’s Map’ o ‘Be Good Or Be Gone’).
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