Costello Club (Madrid)
26 de febrero de 2008
21,30 horas
Se me hace raro que en Costello estén pinchando flamenco. Curiosamente parece que las paredes del sótano/auditorio se llevan bien con la novedad. Ojalá no se trate de una excepción, aperitivo del grupo que viene, y se convierta en una costumbre regular, porque esta sala gana en encanto, si cabe más.
Reconozco que El Tío Carlos, a pesar de parecer un conjunto bastante descabalado sabe desatarse para armar jaleo a golpe de rumba gamberra. No tengo claro que la fusión, el reclamo principal, sea precisamente su fuerte. No si complementan el descaro con algo de naturalidad, de indiferencia para que no sea tan obvio. Pero esa vertiente desordenada y ruidosa es mágica. La fiesta parece su mejor activo.
No son fáciles, más bien ásperos. Nada de dulzuras, además me ha costado sudores sacar guapo al cantante. Pero cuentan con su ‘Gente fea’, tan irónica, tan reivindicativa, la canción que debe conquistar a todo potencial seguidor. Así es, a mi alrededor la gente empieza a descoyuntarse y no se lo reprocho.
Me quedo de todos modos con el tema siguiente, ‘Bichos’, un medio tiempo, aflamencado, como todo, surrealista, que para mi gusto es la mejor interpretación, con diferencia, del bizarro vocalista, tan fuera de lugar, que casi se entiende qué está pintando.
Contando lo corto que va a ser el concierto y que les ha costado bastante entrar en calor, el anuncio de una nueva cita, en una sala más grande, El Sol, se recibe con regocijo. Van a dejar al público ‘caliente’. ¿Astucia? No lo sé.
Por otro lado, el cantante consigue fascinarme con su falta de ortodoxia, con su torpeza tan encantadora. De alguna manera sugiere la redención del fracaso, o los estragos del triunfo. Su manera de coquetear con el desastre, tan valiente, merece segundas escuchas, liberadas de prejuicios. Si media España soportó la voz intragable de Raimundo Amador, creo que él, mucho más interesante, se lo merece.
Foto: Julián Callejo
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