“No soy la misma de entonces. Era sólo una chica”, dice.
Endlessly incluye tanto canciones más bailables y uptempo de las que había hecho anteriormente la galesa, como temas acústicos y desnudos que nos muestran a una Duffy más filosófica. 
“En un determinado momento pensé: ¿esto va a ser un disco indie?”, se ríe. “A nivel de letras tiene más poderío, es más sentido y mundano y también más divertido. Creo que se puede tener algún miedo a ser frívolo con la música, miedo de decirlo con la boca pequeña. A veces sólo se trata de pasárselo bien”.
Pero Duffy tampoco ha perdido sus señas de identidad, las que la convirtieron en una estrella hace dos años. Las cuerdas generosas y los sensuales metales que recordamos de Mercy y Warwick Avenue siguen ahí.
Endlessly contiene diez canciones grabadas en tres semanas con el compositor Albert Hammond, conocido por grandes éxitos de los años 70 como The Air That I Breathe, When I Need You o It Never Rains In Southern California y padre del guitarrista del mismo nombre de The Strokes. El grupo americano de R&B y hip hop The Roots es otro de lo colaboradores, aportado su sección rítmica al primer single, Well, Well, Well.
A pesar del éxito de Rockferry, Duffy no estaba segura de querer hacer un segundo álbum.
“Pensé en dejarlo, en serio”, dice. “No porque pensara ‘lo he hecho’. Es sólo porque echaba de menos las cosas sencillas de la vida. La vida se me ha complicado mucho”. 
No olvidemos de dónde viene Aimee Anne Duffy (23 de junio de 1984, Gwynedd, Gales). Creció en la comunidad de Nefyn, en la Península de Llyˆn, un remoto lugar de la costa norte de Gales donde ir a la tienda de discos más cercana requería coger un autobús. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía diez años. Fue entonces cuando Duffy, su madre y sus hermanas se trasladaron a Pembrokeshire y su madre volvió a casarse. En 1998, su vida sufrió un triste episodio: la policía descubrió un complot tramado por la ex–esposa de su padrastro. La mujer había pagado 3.000 libras a un matón, Philip Smith, para que lo asesinara. Por este motivo, Duffy tuvo que vivir durante un tiempo en una casa de acogida. Mientras cantaba en pequeños clubes locales, trabajó como camarera y en una pesquería para poder subsistir, hasta que, en 2004, le presentaron al ex–guitarrista de Suede, Bernard Butler, quien la ayudó a componer su primer álbum. Después pasó meses en la carretera con la gira de Rockferry, convirtiéndose en una celebridad en América, estando en los Grammys e, incluso, dando nombre a un narciso galés. Todo eso la superó y se encontró en una encrucijada. 
“Al final de todo ese ciclo necesitaba que me recordasen lo que había venido a hacer. Se me olvidó por un momento cuál era mi trabajo y mi rol. No soy una modelo, ni una celebridad. Todo es muy complicado. Ser fiel a tu integridad es muy difícil. Tener todo lo que quieres es insano, ¿sabes?”.
Insegura de cómo continuar y de cuáles iban a ser sus próximos movimientos, el destino intervino en forma de Albert Hammond, que ya tiene 66 años. O para ser más precisos, de su mujer.
“Él estaba en su casa de Los Angeles un día y su mujer le dijo ‘¡Albert! ¡Albert! Mira a esta chica de la tele. ¡Su voz suena como una mujer negra!’ Miró y dijo ‘¡Oh Dios mío!’”.
Duffy interpretaba Stepping Stone en en el programa Saturday Night Live. Hammond llevaba una década desconectado de la música, pero se quedó intrigado con la rubia galesa.
“Quiso conocerme. Yo no sabía nada de su trayectoria, igual que no sabía nada de Suede cuando conocí a Bernard Butler. Me dijo que tenía una canción titulada Don’t Forsake Me y le dije ‘eso suena a la banda sonora de mi vida’”.
“En esa época, en Los Angeles había muchas fiestas importantes”, continúa Duffy. “Tenía dos opciones: o me iba a bailar a Hollywood o pasaba mi tiempo con Albert. Así que fui a casa de Allbert y su mujer me hizo un té”.
Hammond había trabajado en la música de su tema Don’t Forsake Me, pero Duffy no estaba muy segura…
“Tiene 66 años, es uno de los compositores más reconocidos y yo tengo las pelotas, la audacia de destrozarlo”, Duffy se ríe. “Miro atrás y pienso ‘¡qué maleducada!’. Pero sabía que la canción reflejaba algunos elementos de mi vida. Entonces Albert me dijo: ‘chica valiente. Bien hecho’”.
Desde ese momento las canciones surgieron de forma rápida, sobre todo teniendo en cuenta el proceso de gestación de cuatro años de Rockferry.
“Grabamos unos pocos días en Los Angeles, una semana en España y una semana en Londres, se terminó con rapidez. Teníamos las canciones y en mi interior sonaban encantadoras en las maquetas acústicas. Y eso es lo que quería escuchar, sin complicaciones. Eso pasa cuando trabajas muy duro. Cuando todo el mundo hace demasiado puedes matar algo. Pero éramos Albert y yo divirtiéndonos”.
La mitad del tiempo parecía que Albert Hammond se lo pasaba mejor que ella.
”Eran las cuatro de la mañana y recuerdo mirarle y pensar: ‘tienes 40 años más que yo. No sé de dónde sacas la energía’. Yo no tendría que ser la disciplinada, tendría que ser justo al revés. Yo le decía: ‘vale, céntrate, ¡Albert, ya sé que estas bailando pero tenemos que grabar la segunda estrofa!’”.
Se convirtieron en grandes aliados. Incluso, la mujer de Albert Hammond participó con sus consejos sobre el vestuario. Ella fue quien aprobó la recatada indumentaria sesentera que Duffy luce en sus nuevas fotografías promocionales.
“Me decía: ‘me gustan las faldas largas’. Cuando ponen la televisión, la gente de esa edad no está acostumbrada a ver a estrellas del pop casi sin ropa, ¡lo encuentran muy ofensivo!”, ríe.
En el camino, Hammond encontró otra fuente de inspiración en el programa Late Night With Jimmy Fallon (“Creo que ve mucho la tele”, comenta Duffy con una risita. “Es de dónde saca todas sus ideas”), una banda que no conocía. Ella se temió lo peor.
“Sé que su hijo está en The Strokes, y probablemente tiene buen gusto pero pensé que iban a ser una especie de grupo ruidoso de Nashville”.
En cambio, el grupo de la tele eran las leyendas del hip-hop de Filadelfia The Roots. Duffy se quedó impresionada. Cuatro años antes había ido al Jazz Café de Londres ver al DJ de la misma banda. Se quedó boquiabierta. Incluso, le dio al fundador de The Roots, Ahmir ‘?uestlove’ Thompson, un CD de Rockferry. Así que Duffy, tras la insistencia de Albert Hammond, llamó a LA Reid (“¡A las 2 de la mañana, con las manos temblándome al sujetar el móvil!”), el jefe de Island Def Jam Music Group y de su sello Mercury en América, para pedirle un favor: ¿podía organizar una reunión con The Roots? En 48 horas se había solucionado. Duffy y la banda conectaron inmediatamente. El compacto sonido en directo de The Roots, muy diferente al más prefabricado de la mayoría de los artistas que dominan las listas de ventas, era la pieza final del interminable puzle.
“Le dije a Ahmir: ¡te di una copia de Rockferry hace unos años, pero nunca me llamaste Y él me respondió: ‘¡Ahora, a muerte!’”.
Puede que a nadie se le hubiese ocurrido unir a Duffy con The Roots y Albert Hammond. Para ser honestos, tampoco a ella se le hubiese pasado por la cabeza. Sin embargo, juntos han hecho Endlessly, un disco importante y un digno sucesor de Rockferry.
Noticias Relacionadas:
Tags: Soul
No sé, quizá el single no estuvo bien elegido. Pega más para divertirse, pero no tiene la calidad del Warwick Avenue, y varias de las lentas de su debut.
[...] Vía Zona Musical [...]
Muy cierto Hugo, me hubiera gustado mas como primer single endlessly.Es un buen album eso ni como negarlo, pero definitivamente me quedo con warwick avenue, rain on your parade, syrup and honey y todo rockferry en general.Com…o sea buen trabajo duffy