Ahora que todo el mundo parece haber descubierto el poder de una guitarra y unos beats en combinación, que los directos y los cd’s y las descargas parecen dispensadores de adrenalina, llegan Colectivo Oruga, intentando demostrar que están haciendo una apuesta diferente, aunque el chorro caiga justo en el centro del tiesto. Y es la autenticidad y un sentido de lo excéntrico que se agita perplejo dentro de sus sobrias maneras, lo que viene al rescate de un disco que podría ahogarse en el olvido de una corriente/contexto demasiado apabullante.
El primer gran punto a su favor es que no se han disfrazado de nada. Las canciones suenan directas y sencillas, las melodías son buenas cuando toca (muy buenas en algunos casos), los estribillos saltarines cuando deben, las guitarras aparecen porque es necesario y la producción, áspera, marca el camino sin estrafalarios trajes de florecitas. El sonido es potente y rodea al oyente, que distingue entre el bosque de redobles las voces, las estrofas y estribillos, consiguiendo un efecto hipnótico y ambicioso, pero a la vez sin engordar la dimensión del disco, primero porque evidentemente no se trataba de gastar una fortuna, pero también por coherencia con las elecciones estéticas que han tomado.
El segundo logro de Too Many Knobs es que, a pesar de todas sus pretensiones, sabe también disparar los indicadores de adrenalina. Y lo hace sin complejos, asumiendo que publicar algo bueno no está reñido con que sea atractivo. Por otro lado, que la escena indie haya descubierto la música de baile y que, además, la adopte como una posibilidad de crecimiento novedosa, es fantástico. Colectivo Oruga se unen a la fiesta con la actitud de ser miembros fundadores, algo que el oyente asume sin demostrar el más mínimo asombro. En ningún momento suenan postizos y mucho menos parecen unos advenedizos. Hacen lo que quieren hacer, porque piensan que es lo mejor.
Quizás lo mejor de este disco (en tercer lugar) es también el núcleo, el espíritu de la banda. No existe dualidad entre rock y electrónica, quiero decir, no han construido su música a partir de esa posible contradicción entre dos géneros que parecen condenados a pesar de todo a entenderse; el doble lenguaje que manejan Colectivo Oruga es otro, y por eso suenan tan justos y tan bien. Han sabido unir, como la pareja mejor avenida, la potencia y la languidez, el tono melancólico, con esos agudos de la voz de Iago Martínez, casi fundida detrás del estruendo despiadado que define buena parte de las canciones que interpreta con unas bases que atraviesan el espectro completo de lo que podemos entender como “barbarismo”, ayudadas además por las potentes incursiones de las guitarras. En directo son lo mismo. Manejan con idéntica naturalidad en contraste entre lo delicado y lo contundente.
Colectivo Oruga son Iago Martínez, Cuco Pino y Alex Mera.
Página personal de Julián Callejo
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