Escuchando: Love Again, John B.
Lo que hace Celeste dos Santos, aparte de dejar boquiabierto a quien no haya sido prevenido, es una especie de country-ye-yé con consignas anticapitalistas y una pátina sucia de tugurio de mala muerte. Una propuesta de aromas portuarios y cándida actitud gamberra que, por su colorido insultantemente acertado y casi arrogante, conquista desde el shock inicial, hasta que llega el momento del muestrario y comienzan a repasar, igual que animales disecados, los géneros de nuestros abuelos: que si tango, que si reggae… Y aunque parecen entonces una formación de temas para toda la familia, no borran todo lo conseguido, y nos mantienen a la espectativa de más sorpresas.
Recuerdan a aquellos inclasificables que andaban entre el rock y la música tradicional, Chumbawamba, por ejemplo. Tienen una frescura irresistible y, conforme van entrando en calor, convierten su despiste y su torpeza en una divertida bendición. Celeste es una maestra de ceremonias capaz de lo mejor y de lo peor, con un registro vocal sorprendente y una falta de pericia enternecedora, que puede ser una promesa asustada o una perversa niña buena pidiéndole al chulazo de la sala que baile un tango en pelotas (más o menos, nos estamos dejando llevar). Una intérprete con un carácter poderoso, que languidece reservando la explosión para el peor momento. Perfecta en los temas épicos, recuerda esas cantantes que emocionaban estadios entonando con rabia y convicción el himno de los trabajadores… Y algo así pretenden.
Fotos: Julián Callejo
Página personal de Julián Callejo
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