Ayo nació cerca de Colonia (Alemania), el 14 de septiembre de 1980, fruto de la unión entre un nigeriano que había ido a Alemania a estudiar en los 70 y de una rumana que creció en una comunidad gitana. Su poco corriente nombre se puede traducir como “alegría” en yoruba. “A mi me crió mi padre, que trabajaba como DJ de vez en cuando. Tenía una buena colección de discos de vinilo”.
Cuando era niña, Ayo creció escuchando a Pink Floyd y Fela Kuti, Soul Children y Bob Marley, Bunny Walter y también Prince Sunny Adé. “El héroe de la música juju”.
Para entender su música por completo, tenemos que mirar al pasado y echar un vistazo a su tumultuosa vida, que estuvo marcada por varios momentos de mala –y buena– suerte.
Cuando era muy pequeña, partió hacia Nigeria, un país en el que aún en habita su espíritu. “Mi abuela quería quedarse conmigo, pero mi padre se negó a seguir las tradiciones. Por eso es por lo que no he vuelto desde entonces. Mi padre tiene miedo de perderme. Pero sé que volveré algún día. Está en mi sangre. Casualmente, mi segundo nombre, Olasunmibo, en yoruba significa ‘la que nace en cualquier parte pero que regresará llena de prosperidad’”.
Unos años después su madre entró en el mundo de las drogas. Un segundo golpe devastador. Ella tenía apenas 6 años y tuvo que irse a vivir con su padre, su hermana y dos hermanos. Pero nunca perdió el contacto con su madre, a la cual describe como “una mujer fuerte, a pesar de todos sus defectos”. Fue durante este período, a mediados de los 80, cuando empezó a tocar el violín durante un tiempo, antes de decantarse por el piano, entre los 10 y los 14 años. No mucho después aprendió sola a tocar la guitarra. “Yo necesitaba un instrumento y ése era el adecuado. Es más directo, más agresivo, y me refiero a una agresividad en el buen sentido. Pero hace poco he comenzado de nuevo a componer canciones para piano. Así escribí ‘Neva Been”, que está en el álbum”.
Ayo intentaba encontrar su llamada…, y terminó en Londres, donde vivía parte de su familia nigeriana. Entonces tenía 21 años. “Fue un período muy importante en mi vida, la primera vez que me expresaba de verdad. Necesitaba salir de Alemania para encontrarme a mí misma”. Puede que sea verdad, pero una vez que abandonó la capital británica, estuvo preparada para empezar a moverse de nuevo. “Moverme por el mundo me ha permitido desarrollar lo que soy. Nunca estaré contenta siendo una persona sedentaria. Soy demasiado espontánea y me importan demasiado poco las cosas materiales como para planear el futuro. Pero sé que soy capaz de comenzar desde cero en cualquier momento”.
Así es como Ayo, residente oficial en Alemania, se fue a vivir a caballo entre París y Nueva York, dos ciudades que resumen con exactitud su identidad musical. “Nueva York es un crisol genuino. Fue allí donde conocí al productor que estaba buscando, alguien que fuera capaz de sacar lo mejor que hay en mí”. En Estados Unidos mantuvo varias sesiones que duraron unos meses y de las que surgió su primer álbum. Y en París, donde periódicamente establecía su casa cerca de Les Halles, se sentía como “en casa”. Fue allí donde, en menos de dos años, se empezaron a extender las noticias sobre su talento y llegó a oídos de los profesionales experimentados. El rumor se extendió con rapidez y empezó a ofrecer sus primeros conciertos en solitario. Teloneó a Omar e improvisó junto a Cody Chesnutt, con quien había hecho sesiones de jam en el Elysée-Montmartre. Y soñaba con hacer lo mismo al lado de Stevie Wonder.
Mientras tanto, todos hablaban de ella y muchos estaban seguros de que ya había grabado con anterioridad. Por entonces únicamente había hecho unos cuantos bocetos, con cinco canciones que circulaban entre los más ansiosos y bien informados. Se tomó su tiempo y dio a luz un hermoso niño. “Ser madre me ha abierto muchas posibilidades. Durante mucho tiempo, yo veía la música como una especie de terapia. Era mi forma de hablarles a los demás sobre mí misma. Ahora tengo a mi hijo en quien puedo confiar”. Nile nació a finales de 2005, El Nilo, un río histórico, algo muy simbólico para una joven en la encrucijada de diferentes culturas e inspirada por influencias muy diversas.
A principios de 2006, las cosas empezaron a ir más deprisa. Ella sabía que tenía que jugárselo todo. “Habíamos estado hablando de este álbum durante mucho tiempo y al final lo grabamos verdaderamente rápido. Cuando estaba embarazada, aprendí a ser paciente. Ahora sé que estoy preparada”. En sólo cinco días el disco estaba listo. El álbum entero fue grabado en directo. “Necesito sentir a los músicos para hacerlo bien. Me siento en mi apogeo cuando actúo en directo. Ya sea en solitario o acompañada por un grupo. No puedes mentir”.
El resultado es una colección de canciones agridulces, doce canciones llenas de sus experiencias y de las de la gente con la que se ha cruzado en el camino. Para acompañarla, el productor Jay Newland reunió un grupo de músicos que se adaptan a sus objetivos. Son abiertos de mente, y con una nota en un órgano B3 o una nota de armónica, con el rasgueo de una guitarra o el golpe de un instrumento de percusión, saben entrar melodiosamente en ese mundo poco usual, que se deja ver con unas pocas palabras en Pidgin, el lenguaje de la calle de Lagos, y desvela recuerdos de la vida de los gitanos. Es su forma de rendir homenaje a su padre, “su referencia”, y a su madre, “su musa”.
Otras dos influencias le ayudaron a establecer el tono de este álbum, que muy bien podría haber sido grabado hace 35 años. En primer lugar está su mentor, Donny Hathaway. “Un cantante que va más allá de las palabras para hacerte comprender lo que canta. Tiene una fuerza emocional increíblemente poderosa, un espíritu tan profundo que me hace llorar… Es un artista de hace treinta años, pero todavía suena real”. Por eso es, seguramente, por lo que no quiere escuchar nada del nuevo soul. “No significa nada y, de todas formas, prefiero la música de los sesenta y los setenta”. Su otra referencia es Jimmy Cliff. “Tiene mucho que ver con los vinilos de mi padre. Cuando escucho ‘The Harder They Come’ pienso en él y en su vida”.
La música jamaicana le enseñó el arte de contar historias y compartir historias y de inventar cuentos sin comprometer las demandas estéticas. Porque más que nada, de eso es de lo que habla Ayo con su música. Se esfuerza por compartir, de forma natural y sincera, sus historias para poder llegar a los demás. “Aunque hayas pasado por los momentos más duros, es importante recordar cómo se puede disfrutar de la vida. No pierdas el rastro de lo que te motiva y de lo que te mantiene vivo. Puedes sobrevivir de puertas para fuera y llorar de puertas para dentro”.
“Joyful”, canción a canción:
“Down On My Knees” (primer single)
Un fresco ritmo reggae, una sencilla melodía folk, una producción elegante con una voz que es 100% soul, cantando y llorando por su amor y nada más. “Si la gente interpreta algo más, oculto entre líneas, por supuesto, es libre de hacerlo”.
“Without You”
Esta composición combina varios orígenes musicales para crear una subyugada calidad soul que evoca al tercer hombre de su vida, sin el cual nada habría sido posible: su padre, a quien le rinde tributo. “Todo el álbum está dedicado a él, y esta canción en particular. El siempre ha estado para escuchar, siempre ha creído en mí y ha sabido cómo guiarme. Ésta es mi forma de decirle gracias”.
“Letter By Letter”
Detrás de una voz auténtica cantando de forma íntima y amable, yace una producción sofisticada en la que cada instrumento puntúa discretamente un tierno tono de Ayo. Para empezar, está la armónica, que parece ligera pero es en realidad profunda si sabes escucharla. “Escribí esta canción porque hay personas que quieres llegar a conocer pero nunca se abren”.
“How Many Times?”
El acordeón toca una melodía melancólica que evoca el universo gitano…, ese tono de las cuerdas de guitarra sensibles. Ayo escribió esta confiada canción para su madre. “Recuerdo la relación con ella y mis sentimientos después de todos estos años… Siempre seré su niña, a pesar de los altibajos de la vida”.
“And It’s Supposed To Be Love”
Versión de Ayo de la cantante de jazz Abbey Lincoln. “Yo ya había grabado una versión de ‘A Song For You’, de Donny Hathaway, pero no me atrevía…”. Y, aún así, ha escogido el reto de darle a “And It's Supposed by Be Love” unos tonos hispanos y un poco de sabor caribeño. “Abbey Lincoln vino al estudio y le encantó esta versión. Y yo me enamoré de esta mujer y de esta canción que habla de la violencia doméstica, a pesar de todo, con un tono ligero y casi alegre”.
“Watching You”
Esta canción fue una de las primeras que Ayo compuso. Su estilo es ya evidente, su innata elegancia se contrarresta con ese folk tan tierno y esas vibraciones que te llegan a lo más profundo. “Escribí este tema hace mucho tiempo, justo cuando volví de Tanzania. Y aún así parece como si le estuviera hablando a mi hijo. Eso es lo que tengo en la mente cuando la canto”.“Only You”
Una melodía sencilla que te golpea la mente y el mismo corazón. Es como un himno al disfrute de la vida y Ayo se entrega a cada una de las palabras de cada verso. “Es una canción de amor que escribí hace poco. Está dedicada a dos hombres de mi vida: mi hijo y su padre”.
“Help Is Coming”
El estilo rítmico establece el tono agridulce de esta canción. Y cuando Ayo coge el micro, tan discretamente, su lenguaje parece más áspero, más directo, con un indicio de rock entre las líneas de esta balada al borde del reggae. “Aunque esta canción podría parecer triste, trata por todos lo medios de inspirar esperanza. Les habla a todas aquellas personas que luchan en la vida y que son incluso culpadas por sus problemas. Intento decirles que crean, a pesar de todos los obstáculos, porque esa es la única forma de seguir adelante…, porque creo en las fuerzas espirituales del universo”.
“These Days”
Hay un acento de nostalgia en este blues escrito en París y la voz de la canción está, de hecho, imbuida de blues. Sus emociones están compartidas por las cuerdas de una guitarra que toca las notas de la melodía y por un violín que parece llorar. Este tema se beneficia de los arreglos, tan preciosos como precisos. “Hablo del sentimiento de lucha que se produce cuando estás en las profundidades de la desesperación. Quieres ser alguien diferente, ser de nuevo un niño pequeño o, incluso, morir. Es lo que digo, pero es sólo simbólico. En realidad, quiero ser yo misma”.
“Life Is Real”
Un espacio para la percusión, un cálido bajo funky, teclados eclesiásticos, una variedad de acentos rítmicos que son tan sutiles como decisivos, llevan el mensaje de una joven que hace balance de su vida, sin pretensiones y con un tempo rápido. “Vive tu vida: ese es en realidad mi lema. Mientras la gente habla mucho sobre los buenos consejos y los no tan buenos, yo quiero vivir de la forma que a mí me parece adecuada”.
“What Is Love”
Es difícil no escuchar esta canción, que se alterna entre la frágil percusión y las gráciles cuerdas. Ayo se cierra en sí misma y luego sube el tono. “Amor, simplemente amor. ¿Quién sabe qué es el amor? Cada cual tiene su propia receta, pero hay ciertos ingredientes que todos tenemos en común”.
“Neva Been”
Esta canción nos trae de inmediato a la mente a los grandes clásicos del folk-soul a medida que la voz de Ayo asciende a los cielos, acompañada de un teclado de inspiración gospel y de un coro que suena como si hubiera sido traído directamente de una iglesia afro-americana. La canción podría considerarse, incluso, como una forma de plegaria. “Es para mi bebé, para mi hijo. Una emoción completamente nueva para mí. Gracias a él, la artista que era antes se ha convertido en mujer”.