|
Artista: Andrés Calamaro Título: El cantante Estilo: Tango, bolero, Puntuación: 3
El título de este disco lo debió de elegir Andrés Calamaro en un arrebato de exultante ironía. Porque si no, es imposible concebir cómo puede autodefinirse de cantante alguien que canta tan rematadamente mal. Da igual si los numerosos naufragios de voz son intencionados o no. Nadie, ningún cantante honesto, puede tomar el pelo de esta forma. Porque lo más lamentable es que Calamaro ha demostrado a lo largo de su carrera tanto en sus trabajos con Los Rodríguez como en solitario- que tiene voz, no demasiada, pero tiene voz. ¿A cuento de qué, entonces, experimentos como los de El cantante? Puede ser que la idolatría que siente el argentino por Bob Dylan le haya llevado a imitar lo peor del cantautor estadounidense. La diferencia, insisto, es que lo de Dylan parece no tener arreglo. Lo de Calamaro sí.
Inevitablemente, la buena o mala voz pasa de ser un asunto anecdótico a representar un machón imborrable en este El Cantante. Su escucha se digiere con dificultad y su resultado final causa un poderoso estupor. Cierto que la voz no lo es todo en un disco, aunque sí es importante. Si nos guiáramos por los matices de voz o por los juegos que un cantante puede realizar con sus cuerdas vocales, adoraríamos a Rosa OT, Bisbal y, sobre todo, a Luis Miguel. No es el caso. Porque un artista es voz y mucho más. Son canciones, coherencia musical, aptitud y actitud. Lamentablemente tampoco en este caso Calamaro sale bien parado.
El repertorio elegido por el argentino para este disco acude al cancionero típico latinoamericano. Tangos y boleros predominan sobre el resto, no siendo, por el contrario lo mejor que puede encontrarse en el álbum. Volver, el tema de Carlos Gardel, parece interpretada en una fiesta con karaoke y varias copas de más, algo que se repite en Sus ojos se cerraron y Algo contigo (por Dios, ese sabeeeeeeeer haría añicos hasta un vaso de Carrefour). Y qué decir de Voy a perder la cabeza por tu amor, obra del incombustible Julio Iglesias. Aparte de ser la canción del año con más gallos por segundo, no aporta nada destacable respecto a su versión original. Tal vez Calamaro haría bien en emular a su compañero Bunbury, quien sí supo imprimir un matiz personal al tema.
Hace años, cuando Calamaro lanzó El salmón, la mayoría lo tachó de obra maestra, de colmo de la creatividad. Las críticas negativas apenas tuvieron eco. Con la edición de El cantante, los mismos que elogiaron a El salmón han reconocido que era una aventura de 103 canciones en la que predominaban los oscuros sobre los claros. Ahora todo el mundo califica El cantante de obra maestra. Tal vez dentro de unos años se comente que era un disco fallido, por decirlo suavemente.
Por suerte, lo mejor de este disco se localiza en los temas inéditos (La libertad, Las oportunidades, y Estadio Azteca), lo que demuestra que cuando Calamaro quiere, lo sabe hacer muy bien. Porque para el tango ya tenemos a Malevaje.
|