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Eilen Jewell El Sol (Madrid) 1 de octubre de 2009 23 horas
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Página personal de Julián Callejo
*escuchando: Your disco song, Vitalic.
Gravedad versus Impertinencia. Mientras los mayores reprochaban a los jóvenes aprovecharse del barullo que se ha organizado cuando abrieron las puertas de El Sol, la sala se iba llenando. He ido a ocupar mi lugar al final de los que esperaban, en el medio de Montera, puesto que era lo correcto. En paz, gracias a Jeff Buckley y Suzanne Vega. A buen ritmo me acerco a la puerta... Ya lo sabia. Dentro, desde gay-punks hasta japoneses, gafapastas y sus padres, seudo-mods y un sorprendente colorido... Tanto como el llenazo. Lo de la Jewell parece tener aires de proeza.
Sociologías aparte la música que hacen Eilen Jewell y su banda es de una transparencia terriblemente seductora, sensual y clamorosa. Esa desnudez que persiguen los barrocos en sus momentos de hastío, una autenticidad que sirve para la gravedad, el contoneo, el garrafón y las navajas, resolviendo conflictos. A pesar de su porte angelical suena sórdida e inmediata, vieja pero tan fascinante como la extravagancia más genial del DJ más londinense. La lección, cúrate de tus prejuicios y podrás frotarte, con entera libertad, contra la chica o el chico que más te ponga. Hoy han venido muchos, muchas, de todas las edades, y veo cómo paulatinamente sus cuerpos desprenden más calor.
Su voz lastimera y casi suplicante se impone por derecho propio a ese semi-silencio con que la banda va arrastrando, agitando las canciones. Quizás el guitarra, un tipo con edad, kilos y una sabiduría demoledora, es capaz de hablar a través de sus cuerdas, con esa actitud de poder hacer cualquier cosa, sobradamente justificada. Expelen olor a alcohol, a perdición, como las de Billie Holliday. Casi perfecta, su forma de cantar es sin embargo sucia, sórdida, terriblemente humana, salvaje y física.
No termino de entender la mirada de la camada de cachorros barbudos que se ha encaramado a la izquierda del escenario. Delectación, deseo, entusiasmo o hipnosis. No lo sé, pero cantar así es obvio que lleva premio, igual que estoy, literalmente, en llamas.
Foto: Julián Callejo
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