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Artista: The Strokes Álbum: Room on Fire Estilo: Garaje-punk-rock Puntuación: 4
Los Strokes, los Strokes
Uno está hasta la coronilla de los Strokes. Te los meten por cualquier lado: desde revistas especializadas hasta los 40 Principales. Ummm, todo demasiado raro, ¿no? Dando por hecho que a la discográfica habría que concederle el premio del año a la mejor campaña de promoción de una banda, queda por resolver una última duda
¿son los Strokes tan buenos? ¿Merece la pena este Room on Fire?
Pues sí y no. El segundo disco de la banda neoyorquina se escucha con placer gracias a su inconcebible capacidad para poner de buen humor hasta al mismísimo Calimero. Pero de ahí a calificarlo el mejor disco del año hecho por la mejor banda del año (cuando no de la década) va un abismo.
Para empezar, se le puede poner una pega a este Room on Fire: decir que es una continuación de su primer trabajo es una obviedad. Porque simple y llanamente es calcado. Aunque los componentes del grupo aseguren que han incorporado nuevos matices, que han madurado como músicos, que si tal y cual, cualquiera puede hacer la prueba: ponga los dos discos seguidos y parecen el mismo.
Otro punto que se le puede achacar a The Strokes es la desesperante similitud entres sus canciones. Por eso no es criticable que, en este caso, el disco apenas supere los 30 minutos. Más tiempo hubiera sido un infierno.
¿Y como grupo en su conjunto? ¿Qué aportan los Strokes? Pues nada nuevo. Su estilo ya se podía escuchar, con matices, a finales de los 70. Y sin que la voz del cantante estuviera pasada por el tamiz de las máquinas, como sucede con el 100% de los temas interpretados por Julian Casablancas.
Salvadas estas pegas, el segundo disco de los Strokes es potente y feliz, muy al estilo de algunas canciones de Weezer (del que se percibe cierta huella en 12:51), apuntalado en muchas ocasiones por esos punteos infantiles de banda primeriza (You Talk Way Too Much). Estribillos contagiosos (Between Love And_Hate), rotundidad instrumental (I Cant Win) y una potente campaña de marketing hacen de los Strokes la banda que hay que escuchar si quieres dártela de entendido musical. Aún así, nadie recordará a los Strokes cuando hayan muerto.
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