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Y es que esto del éxito es todo un misterio. A veces nunca llega, otras es efímero y en algunos casos trastorna a aquél que lo sufre
Y para muestra un botón. La siempre polémica Madonna que últimamente sufre de exitítis aguda, no contenta con sus rollos de cábalas y vergonzosos derroches monetarios, el otro día se planta con su marido vestidos de obispo y monja en un sarao. La cosa no habría pasado de simple anécdota, a no ser claro que el representante de la iglesia católica no estuviese agonizando. Vamos todo un ejemplo de tacto. No me extraña, claro, que Guy Ritchie (su marido) no la quiera ni en sus propias películas. Madonna, que según parece dispone de una fortuna cercana a los 500 millones de dólares, con una trayectoria musical de más de 20 años e infinidad de éxitos a cuestas, pues al final se le ha ido la pinza. No se si sufre estulticitis aguda o el éxito le ha secado las meninges, pero la verdad es que de un tiempo a esta parte no da pie con bola. En su último trabajo American Life ya nos dejó patidifusos a mas de uno, en vez de a nuestra Madonna de siempre vimos una especie de cosa rara que evidentemente no triunfó. Querida Madonna, menos cábalas y tonterías y cómprate un cerebro nuevo a ver si así vuelves a ser genial.
Pero claro es que esto del éxito es muy caprichoso, incluso volátil. Hoy estás arriba, mañana no, al otro no lo sé, parece el índice Down Jones. Por ejemplo, una gran diva de la canción cuya luz se fue apagando, Celine Dion. Hace muchos años, en su Canadá natal irrumpió con una fuerza brutal. Algunos nos volvimos locos por ella. Luego pasó el tiempo, se le apagó la luz y ahora se dedica a cantar en casinos (en las Vegas, concretamente) y el respetable se le duerme literalmente.
Y mientras unas acaban en un casino, otras empiezan por ahí. La elegante Chenoa (lo de elegante va de cachondeo) que llora lágrimas de cocodrilo porque Bisbal la ha dejado -parece ser que hay una Miss Mundo por el medio, francamente no hay color-. Chenoa, que aprovechó la estela de su novio y se puso a navegar al pairo del rizos de oro. Esta sí empezó en un casino, obtiene un éxito increíble gracias a un programa de la televisión y consigue mantenerse una temporadita. Luego el viento amaina y el barco se le ha parado. Bueno, en realidad creo que ha encallado, exceso de calado diría yo. Ya lo decíamos por estos lares, esta chica nunca debió salir del casino.
Pero claro luego ves bandas como The Pauls o Berti Lasky con buena música y andan por ahí tocando puertas a ver si suena la flauta. Todo un despropósito.
Y que me vengan luego llorando los de siempre con la consabida y ya aburridísima cantinela de lo mal que les va el negocio porque la gente es muy, pero que muy mala, y no venden nada. Y claro los pobres que también padecen exitítis y creen ser los poseedores de la verdad absoluta emplean su tiempo en ir presionando a diestro y siniestro para aplicar cánones mediante los cuales poder sacar adelante a su prole de tipos exitosos. Y es que todo el mundo lo dice pero con la boca chica. Tras varias charlas con varios representantes de discográficas, artistas y demás gente de buen vivir nadie sabe a dónde van a parar los opulentos ingresos provenientes de los cánones de marras. Desde luego a los artistas, no. Sólo va a los exitosos, aquellos que, aunque sean malos de solemnidad, venden mucho. Y el éxito ya sabéis, lo mide la pasta no la calidad. Así que en el fondo tienen razón. Se quejan con razón, nos doblan a cánones y con razón. Si somos los pobres ciudadanos de a pie los que los hemos puesto donde están. Por tanto tenemos lo que nos merecemos.
En fin, que no sé ni porque nos quejamos, si en vez de dedicarnos a ir balando como corderos en dirección al matadero nos pusiésemos en un plan mas constructivo o sencillamente realista, nos daríamos cuenta de que lo que Dios te da Dios te lo quita. Y dado que según dicen por ahí yo no lo tengo todavía muy claro- el poder emana del pueblo, pues a ver si espabilamos.
Yo, por mi parte, voy a ver si hago la canción del verano, tengo un affaire con alguna famosa y encuentro el éxito. Por supuesto la canción será nefasta, el affaire será mentira y yo seré un fraude total, pero venderé un montón de discos, ganaré un dineral en los programas de la televisión y vosotros, pueblo, os lo tragareis todo, seguiréis balando como ovejas viejas mientras vais de camino a comprar mi música nefasta tras haber devorado tres o cuatro programas repugnantes del corazón. Así que os fastidiáis, yo seré rico y vosotros unos pringados, que además seguro que os lo merecéis. ¿O no?
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