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Estos días me he dedicado a recopilar esas frases lapidarias que tanto le gustan a algunos. Ciertamente no tienen desperdicio, quizás debiera de incluirlas en nuestra -lamentablemente inexistente- sección de humor, ya que aparte de hilaridad poco mas provocan.
Y para ir haciendo boca, el señor Teo Carralda -Presidente de Acam- se despacha con lo siguiente: El Derecho de Autor no es otra cosa que el salario del creador. Es, en definitiva, la única garantía económica del profesional que escribe y compone música y canciones.
Esta aseveración viene a decir que aquellos que escriben o componen no cobran nada, sencillamente se dedican a hacer música o a escribir libros, le entregan de forma gratuita sus creaciones a unas amables empresas, que si la cosa sale bien y venden mucho, pues ya les liquidarán su parte correspondiente por derechos de autor. Y si no venden pues nada, se mueren de hambre. ¡Ja!, es todo un despropósito de frase, en vez de ir dando penita creo que se podía dedicar a otras cosas mas provechosas.
El señor Luis Cobos -Presidente de la AIE- tampoco se queda corto y se despacha con la siguiente frasecita: La propiedad intelectual no es un impuesto, es un derecho fundamental.
Bueno, yo creo que este hombre debería postularse a secretario general de la ONU, ya que decir esas cosas y quedarse tan ancho es digno de una gran paz interior (o es un enfermo mental). Ya que este derecho fundamental al que se refiere, no se basa mas que en una realidad económica en lugar de una realidad social. La propiedad es la facultad de poseer algo, y ese algo, puede por tanto, ser objeto de mercadeo, en este caso una especie de acuerdo de alquiler obligatorio de por vida sin opción a compra.
David Bisbal -un señor que canta y vive en Miami- se marca una frase digna de enmarcar: "Si ilegalizaran programas como eMule o LimeWire se salvaría la música".
En realidad para salvar la música lo primero que habría que ilegalizar son sus insufribles discos y sus declaraciones sin sentido. Esa medida sí ayudaría a salvar la música y por extensión al mundo. Evidentemente los psiquiatras tendrían menos pacientes, pero bueno, ya se sabe, daños colaterales.
Esta es bastante demagógica, Carmen Calvo -Ministra de Cultura- nos regala este pensamiento: La cultura no puede ser gratis, existe una industria con trabajadores que tienen que vivir, ni debe ser cara, porque, si no, no es un servicio público. Así que ni gratis ni cara. Hay que decir a la gente que no piratee.
Y claro, lo soluciona con un canon, por tanto supongo que el siguiente que habrá que hacer será un canon para las empresas que fabrican los soportes (que están cerrando todas), otra para el textil (agobiado por la presión del mercado Chino), otra para la industria del porno (que con esto de Internet no venden nada) y así hasta el mas allá.
Esto es política barata. Señora ministra, seguro que usted o su equipo -si se paran a pensar un ratito- tienen alguna idea mucho mejor.
Y es que en algo sí está todo el mundo de acuerdo; y es en pagar por disfrutar de la genialidad de otros. Increíblemente estamos viviendo una época dorada de la música. Jamás tantos grupos habían salido a la palestra ni se habían organizado tantos conciertos con tanta asistencia de público. Eso significa que cada vez más gente puede ganarse el salario (ese que al parecer el señor Carralda sólo es capaz de conseguir a base de cánones) con su música.
Evidentemente esta situación no le gusta a nuestra bienamada SGAE, ya que ve peligrar su futuro y el de sus apenas 5.000 socios cariñosos. Tampoco le gusta a las discográficas que ven que están al borde de la extinción, de una extinción que ellas mismas han ayudado a provocar. Pero pocos de estos protectores patrios salen a explicar sus draconianos contratos con los artistas. Contratos y explotación a la cual la SGAE no parece poner pegas, ¿curioso verdad?.
Los cánones en vez de ayudar sencillamente perjudican. ¿Y por qué?, pues es muy sencillo, por su manera de reparto. Ese reparto sólo beneficia a unos pocos, por tanto lo único que consigue es pagarles un salario a unos privilegiados con el dinero de todos, una postura de apetito desordenado y parasitario que está muy mal vista socialmente. El seguir haciendo oídos sordos a ese clamor es como seguir creyéndose lo de las armas de destrucción masiva.
La teoría de la evolución por selección natural de Darwin -esa que en los EE.UU. está tan mal vista- habla de la lucha por la supervivencia. Los que sobreviven tienden a incorporar variaciones naturales favorables. Esas incorporaciones se transmiten a las siguientes generaciones permitiéndoles ser más competitivas. Por tanto y como corolario: O te adaptas o te extingues, ¿queda claro?
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