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Ayer, 28 de noviembre, en la sala Heineken de Madrid, Fangoria recibió un disco de oro por las más de 40.000 copias vendidas en menos de un mes de su último álbum, El extraño viaje. Les acompañaron Miranda, Nancys Rubias y La Terremoto de Alcorcón.
A la entrega del disco de oro (tal cómo muestra la foto), siguió un concierto muy especial que puso punto final a la gira de presentación de este último disco de Alaska y Nacho Canut.
Con un espectacular diseño escénico de tonos completamente blancos y la banda ataviada del mismo color, Fangoria comenzó su concierto de un modo cuando menos tan extraño como el viaje que presentaba. El corista Rafa Spunky y Nacho Canut tras los teclados, ambos subidos a sendas plataformas laterales, y Alaska en el frontal del escenario empuñando una guitarra (algo que, uno juraría, no se le veía hacer desde su etapa en Kaka De Luxe). Tras comenzar con el mismo tema que abre su disco, "Fantasmas", la carismática vocalista presentó al resto de la banda: los guitarristas Chris Khoo y J. Horror y dos go-gos que no dejaron de animar un cotarro ya de por sí animado desde el primer segundo.
Los madrileños sabían que podían contar con esa garantía: el público vibró en todo momento y cantó sin parar, pese a que el repertorio se basó fundamentalmente en el nuevo trabajo, con incursiones en los dos anteriores (Naturaleza muerta y Arquitectura efímera), un par de recuerdos a clásicos del pasado y, ahí estaba el riesgo, ninguna canción de Una temporada en el infierno.
Tras Plegarias atendidas llegaron Si lo sabe Dios que se entere el mundo y Ni contigo ni sin ti. La interacción con los fans se hizo todavía más alta cuando cayeron los singles Eternamente inocente y La mano en el fuego.
Pero quizás el segmento más intenso de la noche llegó con lo que Olvido Gara presentó como 15 minutos de bakalao. En realidad, una fusión de ritmos de baile, coreografías ad hoc y guitarras duras en la que se encadenaron sin respiro los 135 bpm de Estés donde estés con No sé qué me das y Retorciendo palabras.
Tras un pequeño descanso se inauguró la segunda parte del concierto, donde se pasó, en el sentido más literal y menos metafórico, del blanco al negro. La decoración del escenario cambió de color y, también, el vestuario del grupo, que reapareció en el escenario con el recuerdo de Descongélate, aquel single en el que Alaska y Dinarama se revelaron como fans fatales de Depeche Mode. La continuaron con la reciente Sin perdón, una coreadísima Miro la vida pasar que dedicó Alaska a las noches del club En Plan Travesti- y, para finalizar, su último éxito,Criticar por criticar, tan efectivo como se presuponía.
Hubo tiempo para un último bis que, en este caso, la vocalista presentó como una canción doble. En efecto, no se disimuló la deuda de El cementerio de mis sueños con el clásico de Dinarama El rey del glam. Las fusionaron ambas con celebración final incluida. Aquel tema incluido en Canciones profanas fue la síntesis definitiva de un concierto que comenzó en blanco y siguió en negro para volverse exultantemente multicolor, al ser interpretado en plan jam por Fangoria, Nancys Rubias, Miranda y La Terremoto de Alcorcón.
La banda liderada por Mario Vaquerizo había iniciado la noche minutos antes y después de que David Delfín entregase a Alaska y Canut el disco de oro- con algo más cercano a la performance que a una actuación en directo, ya que todos los instrumentos estaban pregrabados. Pese a ello, la gente se lo pasó en grande ante el desparpajo de este quinteto petardo-glam-punk, que alternó algunos de los éxitos de su primer disco con canciones nuevas y su versión castellanizada del Teenage Kicks de Undertones.
Les siguió el trío argentino Miranda en una actuación aún más corta pero igualmente fogosa. Bailes al límite, actitud divertida y solos de guitarra como de pega en una puesta en escena sin prejuicios, donde el artificio jugaba un peso fundamental. Eso mismo, pero con un humor claramente castizo y muy personal fue lo que hizo difícil de olvidar la presencia de La Terremoto de Alcorcón, secundada por sus inseparables go-gos con barba, peluca y lencería femenina. La artista consiguió algo importante: que, pese a actuar tras Fangoria, la sala se mantuviese casi llena, y regocijar al personal con sus personales versiones de Beyoncé, Kylie Minogue, Gloria Trevi y Madonna. Dio incluso un bis, dedicando Están lloviendo hombres al actor Pepón Nieto. Quien no se divirtió, como suele decirse en estos casos, quizás debería ir pidiendo cita a su médico.
Foto: Guillermo Arenas
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